VOTO OBLIGATORIO EN MÉXICO ¿AHORA SÍ?

Por: Redacción. 

El día de ayer 2 de junio, México celebró comicios en seis estados de la República. Más allá de los resultados obtenidos, hay algo que no podemos dejar pasar: la baja participación ciudadana. El promedio fue del 33.5%, siendo la tasa más baja la del estado de Quintana Roo (22.15%) y la más alta la del estado de Durango (44.8%). Lo que estaba en juego en los seis estados, no era menor. El resultado de estas elecciones definiría, principalmente, si Morena se seguiría consolidando como fuerza hegemónica ganando terreno en lo local o por el contrario, habría espacio para que otras fuerzas políticas como el PAN y MC construyeran una narrativa eficaz de contrapeso al partido de López Obrador . Pero aún así, la gente no salió a votar.

¿Condiciones climáticas? ¿Dos años seguidos de eleciones fue demasiado? ¿Resignación y hartazgo? Puede ser una combinación de varias. A la hora de votar, especialmente cargos “pequeños”, para los ciudadanos mexicanos suele haber más pretextos que motivos. Basta con echar un vistazo al porcentaje de participación en Baja California y Puebla y compararlo con la última vez que eligieron gobernador. O bien, con la tasa de participación del día de ayer en los seis estados  vs. la de hace un año.

% DE  PARTICIPACIÓN EN ÚLTIMAS ELECCIONES ESTATALES EN PUEBLA Y BAJA CALIFORNIA VS. ELECCIONES ESTATALES EN PUEBLA Y BAJA CALIFORNIA 2019

ESTADO

ÚLTIMAS ELECCIONES

PARTICIPACIÓN 2019

BAJA CALIFORNIA

36.77% (2013)

29.6%

PUEBLA

44.6% (2016)

33.4%

*En el caso de Puebla se tomaron los resultados de la elección del 2016 (no federal) en la que se eligió al reemplazo del exgobernador Rafael Moreno Valle para un periodo de un año y diez meses.

 

Como se puede observar, en todos los casos existió un notable decremento en la participación ciudadana. Esto se atribuye, por supuesto, a que se elegía presidente el año pasado, lo cual aunque es una explicación, no debería ser justificación. ¿Por qué en México solo ejercemos el derecho al voto cuando se elige al ejecutivo federal? La realidad es que hoy la sociedad mexicana se encuentra inmersa en una constante paradoja producto de la polarización y la crisis ideológica que estamos viviendo en el ámbito político. Por un lado, vemos a más gente involucrándose e interesándose por las decisiones que se tomen y por gestar una relación más horizontal con el poder. Pero también están quienes dejan que su pesimismo y frustración los domine, tomando una actitud que la psicóloga y escritora Gabriela de la Riva, denomina como actitud residual. Según De la Riva, este tipo de comportamiento se sustenta en la impotencia que sienten los mexicanos ante la magnitud de problema que enfrentan, por lo que consideran que su participación no generará resultados. Refiere a esa dificultad que tenemos de darle valor a nuestro esfuerzo en función de crear un impacto colectivo. Ese “lo que yo haga o no haga, no va a hacer diferencia”. Otra hipótesis es que los ciudadanos no contaron con las herramientas suficientes para tener claro lo que realmente estaba en juego, para ser conscientes de la necesidad de contrapesos.

Sea como sea, de nada vale asumir, pues los resultados están y la bajísima tasa de participación, aún en estados que elegían gobernador, es lamentable. Con un porcentaje tan bajo, poco importa ya si es verdad que #ElPANCrece o no, o si los candidatos de MORENA hicieron una mejor campaña que el resto, la realidad es que la legitimidad de la que hoy gozan los ganadores, ya es y será cuestionable. La votación que los llevó a estar ahí quizo jugar a ser democracia y terminó siendo la voluntad de unos muy, muy pocos.

Entonces, si luchamos por un sistema democrático eficiente y realmente participativo, ¿por qué nos da tanto miedo pensar en la posibilidad de que exista el voto obligatorio? Hoy creer que el gobierno es el único responsable de solucionar nuestros problemas, resulta arcaico, obsoleto.

Por ello, pensar en implementar una política de electopartidismo, como se le conoce a esta obligatoriedad del voto, no debe hacerse en blanco y negro, pues no tiene por qué traducirse en en una violación al derecho fundamental de los ciudadanos de votar o no votar, o eximir a los partidos de la responsabilidad que tienen de transmitir y concientizar al electorado en este ejercicio. Instaurar un voto obligatorio refiere a un esfuerzo por implementar una política que incentive la cultura política y los índices de compromiso, no por forzar al ciudadano a inclinarse por un proyecto u otro. Así lo escribe nuestro estratega senior Luis Guerrero en su texto ¿Votar? Tengo cosas más importantes que hacer, donde plantea un sistema que en lugar de sancionar, incentive, de modo que los ciudadanos no se sientan agredidos sino impulsados a gestar una cultura de responsabilidad cívica.

Con un electopartidismo vigente, la  libertad de disentir con los candidatos y partidos seguirá existiendo teniendo lo posibilidad de anular el voto, lo cual a diferencia de quedarse en casa, sí contribuirá. Y contribuirá porque anular el voto da certeza de una postura y ayuda a dejar de ahondar en pretextos para concentrarse en realmente fortalecer los motivos. En el caso de México, podría incluso ser útil para tener un parámetro real del sentir de la población y luego entonces obligarse a redefinirse ideológicamente, a brindar a la ciudadanía opciones fuertes, que abanderen temas concretos y sean dignas. Opciones que quizá hubieran contribuido a que el día de ayer la participación hubiera sido más alta, a propuestas ideológicas más fuertes y a gobiernos locales con contrapesos que hoy nos dieran el privilegio de llamar a nuestro sistema, una verdadera democracia.