Y ENTRE MÍTIN Y MÍTIN, SONABA MÚSICA INDIE EN VALENCIA

Por: Carles Salom. 

Este 2019 ocurrió algo muy extraño en España: en menos de un mes se tuvieron dos procesos electorales muy intensos. El primero, el 28 de abril, fue para elegir al Presidente del gobierno, y a algunos Presidentes Autonómicos (lo que en México se entendería como Gobernadores). El segundo, el 26 de mayo, fue para elegir a todos los alcaldes del país y a los presidentes autonómicos que faltaban. En el caso de Valencia, se eligió alcalde en el segundo proceso electoral.

Para tener un poco de contexto, es importante recordar que Valencia es una ciudad clave al ser considerada la tercera capital de España. Desde el año 1991 hasta el 2015, su alcaldesa, Rita Barberá, ganaba por mayorías absolutas, revalidando año tras año el gobierno para el Partido Popular (PP). Sin embargo, desde la entrada del bipartidismo y los sonados casos de corrupción que azotaron a Valencia, el PP perdió su mayoría en el 2015, y Joan Ribó, del partido Compromís, llegó al poder en una coalición con el PSPV-PSOE y el partido Podemos.

Y es aquí donde empieza esta historia, el 28 de Abril de 2019, día que se celebraron los primeros comicios. Esa noche, caras desencajadas se pudieron ver en la sede de la Plaza América, donde un Partido Popular vio cómo, por primera vez desde 1991, la ciudad de Valencia dejaba de ser azul. Pasaron de ser el primer partido en votos, a ser el cuarto, quedando abajo de Ciudadanos, Compromís y el PSOE. Así es, la candidata para ser la futura Presidenta de la Generalitat, Isabel Bonig, había cosechado el peor resultado de la historia en la ciudad de Valencia.

Fue así como unos meses antes, en medio de una mascletà fallera (fiesta de las fallas de Valencia), y tomando agua de valencia, tuvimos la oportunidad de encontrarnos por primera vez con Maria José Catalá, la candidata del PP a la alcaldía de Valencia. El PP siempre ha sido un partido de élites, con un look aznariano muy particular y con liderazgos de edad adulta principalmente. Pero frente a mí, tenía a una candidata con pantalones de pitillo, con un marido motero, y que le gustaba la música indie. Era una mujer de 36 años, que ya había sido portavoz del gobierno, dos veces alcaldesa de una gran ciudad muy cerca de Valencia, Consejera de Educación, y quien sobre todas las cosas, tenía la convicción de que podía salvar esta elección.

El escenario era complicado: un partido con una marca desgastada por los casos de corrupción (de los diez concejales que contaba el PP en ese momento en el ayuntamiento, los diez estaban siendo investigados por corrupción), con concejales que no habían aparecido en medios de comunicación en cuatro años, y con una candidata (Maria José Catalá) con un nivel de conocimiento bajo entre los ciudadanos. Por su parte, el partido venía de sufrir un moción de censura a nivel nacional que había enviado al ex presidente Mariano Rajoy a las arenas de Alicante y fuera de la esfera política, y por si fuera poco, en este contexto llegó el candidato socialista Pedro Sánchez a encandilar a España con su sonrisa.

Definitivamente no era un buen momento para el Partido Popular, pero eso no nos detuvo. Entramos de lleno con una estrategia para hacer posible lo que parecía imposible: que los valencianos le dieran una oportunidad a María José. Durante marzo y abril nos enfocamos sobre todo en realizar una campaña interna muy intensa para posicionar a una candidata joven dentro del electorado clásico popular, con el fin de frenar la fuga de electores hacia Ciudadanos y Vox. Y por supuesto, esperar los resultados de los comicios para elegir Presidente de gobierno y Presidente autonómico, a sabiendas de que en gran parte, la estrategia durante la campaña a la alcaldía se decidiría con base en ese resultado.

Y entonces ocurrió lo peor. El 28-A, Ciudadanos, un partido de centro-derecha, con poca estructura en la ciudad y con pocos años de vida, ganaba, aunque por muy poco, al PP de Valencia. Del mismo modo, Vox, el nuevo partido de ultra-derecha, llegaba al 10% del voto, lo que dejaba en entre dicho el liderazgo del PP dentro del espectro de centro-derecha en la ciudad. Y claro, la cereza del pastel fue la ola de la ilusión favorecía al PSOE, con un Pedro Sánchez que logró reelegirse como Presidente de España.

La noche de la elección para presidente fue larga, muchos análisis, mapas, estudios de resultados casilla por casilla y una pregunta rondando en las cabezas de quienes formábamos ese cuarto de guerra “¿Y ahora qué?”. Teníamos menos de un mes para recuperar a nuestro elector de centro, frenar la llegada de Vox por la derecha, y hacer que, con el escaso presupuesto con el que contábamos, los tiros fueran acertados.

No obstante y después de realizar un análisis exhaustivo de la situación, la estrategia que teníamos que seguir de pronto se tornó clara: a nivel territorial nos concentraríamos sobre todo en el centro de la ciudad, haciendo una campaña extremadamente de nicho. ¿Nuestro discurso? La renovación. Y es que Maria José representaba justo eso, lo nuevo. Un nuevo momento, una nueva ilusión, un nuevo liderazgo, un nuevo partido. Fue así como arrancamos una campaña en la que ocupamos espacios en la televisión nacional para hablarles directamente al elector medio, politizado, que gustaba de ver tertulias políticas y que hasta ese entonces conformaba la base electoral de Ciudadanos; aceptamos todos los debates que se nos pusieron en frente para convertirnos en la oposición al gobierno de Ribó y así reforzar la imagen de líder del centro-derecha de Maria José. Por otra parte, aprovechamos las fiestas de pascua para lucir a la candidata con el electorado que nos disputábamos con Vox y explotar así en redes sociales, la figura de una candidata joven, disruptiva y por tanto, diferente a lo que la gente estaba acostumbrada a ver en el PP.

Nos atrevimos, innovamos. Cambiamos el himno del partido por “Allí donde solíamos gritar” (una canción indie), cambiamos los actos masificados por speech corners, las visitas a centros de ancianos por mucha presencia de la candidata en los mercadillos de los barrios clave y en programas nacionales de máxima audiencia. También, se incorporó una fotógrafa experta en festivales de música para darle un look distinto y más fresco a la comunicación política tradicional. En fin, hicimos todo lo que estuvo en nuestras manos para dotarla de atributos y darle un liderazgo a nivel nacional del que carecía hasta ese momento.

Por su parte, María José hizo un papel admirable. Si bien era una mujer joven como ya he mencionado, su estructura, rapidez mental y gran preparación para los debates, la llevaron a consolidarse como la líder de derecha (muy por encima de Ciudadanos) y a convertirse en la oposición que durante cuatro años el PP no había logrado ser.

Y entonces llegó el tan esperado día para que Valencia eligiera alcalde, el 26 de mayo. Recuerdo que desde que abrí los ojos por la mañana, solo tenía una obsesión: que todos los esfuerzos que se habían realizado dieran frutos y que la cantidad de votos que obtuviéramos, bastara para quedar delante de Ciudadanos y situar a Maria José como la líder de la derecha o incluso de toda la coalición de las derechas, pues de no lograrlo el partido y el nuevo proyecto que la candidata quería encabezar, quedaría difuminado y prácticamente en el olvido.

Después de semanas de desvelos, de trabajo  con Amparo Plaza (la culpable de que llegáramos ahí y la dupla estratégica en esta campaña), de horas y horas de trabajo con un equipo de estrategia inmejorable (Sergio, Jaume, Jorge, por mencionar algunos), incontables bocadillos de jamón con Eusebio y el grupo municipal; de risas con Sonsoles y de análisis con Cristóbal, el reloj marcó las 8 de la noche y los colegios electorales cerraron sus puertas para contar votos.

La información que nos daban, era confusa. El partido tenía localizadas trece casillas (que su experiencia les decía que eran un fiel reflejo de lo que sucedía en el resto de la ciudad) cada una llegando con resultados muy dispares. A cada resultado que llegaba la emoción era mayor. Pasamos de intentar salvar la situación, a emocionarnos por estar luchando por el séptimo concejal. Y al final, se consiguió lo inimaginable: Maria José se convirtió en la líder del centro-derecha, y además, logró ganar en votos al Partido Socialista, lo que llevó al PP a pasar de ser el cuarto partido de la ciudad a ser el segundo en tan solo un mes. Por fin el partido se colgaba nuevas alas con un proyecto renovado, con un nuevo liderazgo y con una mujer que promete, desde la sensatez que la caracteriza, dar un buen combate para ganar la alcaldía dentro de cuatro años.

SOBRE EL AUTOR:

 

CARLES SALOM RIBERA

Líder Estratega Senior en Politiks360º

Estratega político y sagaz analista que asume los objetivos políticos del cliente como su misión, y no se detendrá hasta lograrlos. Analiza, crea, supervisa y aplica acciones estratégicas a la medida de cada proyecto.

 @Trastofo