Por Héctor Hernández Gutiérrez

Ya tenemos los resultados de los premios Oscar®. Roma hizo historia, aunque no como muchos mexicanos hubiéramos querido. Ganó el premio a película extranjera, a fotografía y dirección. Sin embargo, ¿qué pasó con el esperado premio a Mejor Película?, ¿por qué no ganó? Comparada con Green Book (la ganadora), ¿Roma no es mejor película?

No entraremos a la valoración artística entre ambas. El arte es tan subjetivo, que cada quien tendrá su respetable verdad. No acabaríamos de ponernos de acuerdo. Declaro, eso sí, que mi preferencia es por Roma, no por consideraciones nacionalistas ni chauvinismo cultural. Como artefacto fílmico, como narrativa audiovisual, estoy convencido que Roma aporta mucho más valor a la historia del cine que Green Book. Pero hasta ahí las opiniones personales. Lo que me interesa, atendiendo al perfil de nuestro blog (que es ver el lado político de las cosas), es analizar la decisión de no darle la victoria a Roma o, mejor dicho, de dársela a Green Book. Esto tiene dos ángulos políticos, por lo menos:

  1. La defensa de la narración clásica hollywoodense.

¿Qué fue realmente lo que se premió? Una narración clásica. “Pictures of people talking”, como alguien diría, al referirse al modo más convencional de contar las historias. Es la telenovela filmada. Ejemplo: Vigo dice algo, la cámara lo encuadra en Close Up. Corte al respectivo Close Up de Mahershala que le responde. Corte a un Plano Medio donde los dos se miran enfadados. Corte al Plano Abierto del auto, del que Mahershala sale y Vigo lo sigue. Y así, ad infinitum, hasta acabar en el predecible final feliz: la reconciliación de las diferencias, el triunfo de la amistad, todo en Close Up. Y todos contentos. Hollywood.

Pero este premio no debería sorprendernos, viniendo de quién viene: LA ACADEMIA. ¿Y qué es tal cosa? La ortodoxia, el clasicismo, la institución creada para preservar un legado, el “modo de representación institucional”, como llamarían los teóricos de cine a la narración hollywoodense. En ella, se nos trata de convencer que lo que estamos viendo es “la vida real”. Nuestro papel como espectadores es creer en la ficción, no pensar, no ser críticos. Comprar el lado emocional del relato, abrazar la caja de palomitas y desconectarnos del mundo.

De diversas maneras, Roma es mucho más propositiva, arriesgada y crítica que Green Book. Ya comentamos ampliamente, en nuestra entrada anterior (http://politiks360.com/roma-una-pelicula-politica-pt-1/), la visión crítica, política y social del filme. Al premiar Green Book por encima de Roma, se emite un statement, se manda un mensaje, una declaración de intenciones: estamos por la conservación del modelo clásico de narrar las películas. No queremos innovar.

2. La defensa del negocio hollywoodense.

Si recuerdan, en el artículo de la semana pasada también hablamos sobre el debate entre el viejo y el nuevo modelo de distribución de las películas. Básicamente, haber premiado a Roma, producida por Netflix, habría supuesto aceptar implícitamente la claudicación del anticuado modelo de exhibición. Con el premio a Green Book se mantuvo, al menos un año más, el predominio de los viejos estudios. Porque más allá de que Green Book haya sido un proyecto “independiente” (sin financiamiento original de los estudios), su temática la hace una película cómoda, políticamente correcta, ideal para su distribución mundial vía el establishment, en este caso Universal Pictures. Hubo una oposición de la Academia a reconocer un hecho que de todos modos llegará tarde o temprano: la aceptación de que Netflix y las plataformas de streaming determinarán en el futuro las reglas del juego comercial cinematográfico.

Así pues, en la entrega 91 del Oscar® el triunfo artístico corresponde a Roma (al reconocerse el riesgo artístico asumido por Cuarón, se valora el arte del filmmaker, el cineasta director-fotógrafo, que es la puesta en cámara), mientras que el triunfo comercial corresponde a Green Book, que pasará de película pequeña a fenómeno global, gracias a la mercadotecnia que el Oscar permitirá pagar. Así las cosas en la política de los premios.

Para acabar, es de mi interés sugerirle que la próxima vez que usted vea una película, no importa si es en la gran sala de cine o en la intimidad de su sala, que detenga un instante su ingesta de palomitas y reflexione, por un instante, sobre el lado político de lo que está mirando. ¿Es sólo un relato emocionante, cómico o trágico del que se olvidará poco después?, o es que también, al comprar un boleto en taquilla o dar click en la app, está usted votando a favor de una política, explícita (como en Roma) o implícita (como en Green Book). O más bien, ¿está usted comprando sin enterarse alguna ideología? Y si es así, ¿puede disociar la mente en dos y disfrutar del relato fílmico sin dejar de tener una mirada crítica sobre el mensaje político, literal o escondido, que le están presentando? Le reto a intentarlo.

SOBRE EL AUTOR:

HÉCTOR HERNÁNDEZ 

Líder Creativo Senior en Politiks360º

El creativo mas intelectual de la comunicación política. En eterna búsqueda del equilibrio imposible entre ciencia política y arte. Creador audiovisual y escritor de narrativas persuasivas que aspiran a provocar una reacción afectiva en el ciudadano.

 @DirHectorH